Había una vez un sastrecillo que cosía alegremente un jubón en su taller. Pasó por allí una aldeana vendiendo mermelada y el sastre, que era muy goloso, la llamó para comprarle una poca.
Después se preparó una rebanada de pan con la rica mermelada y siguió cosiendo. Mientras tanto las moscas empezaron a llenar el pan y cuando el sastrecillo las vio, dio sobre la mesa un fuerte golpe para ahuyentarlas. Al levantar la mano se sorprendió de su propia fuerza:
- ¡Pero si he matado siete de un golpe! ¡Esto sí es ser valiente! ¡Voy a contárselo a todo el mundo!
Así que el pequeño sastre se cosió un cinturón en el que bordó la frase “Siete de un golpe” y salió lleno de orgullo a recorrer el mundo.
Llegó a lo alto de una montaña y allí se encontró a un gigante. Al ver éste lo que decía el cinturón del sastrecillo lo miró con desprecio y finalmente lo desafió.
- ¿Tan valiente eres que derribaste a siete de un golpe?
- Sí señor, a siete.
- ¡Si es así demuéstralo! Ven a mi cueva a pasar la noche si te atreves.
- ¡Iré encantado!
La cueva era muy grande y aunque el gigante ofreció una cama al sastrecillo, él prefirió pasar la noche acurrucado en una esquina.
A media noche, el malvado gigante, que creía que el sastrecillo dormía plácidamente en la cama, cogió una barra de hierro y dió un golpe sobre ella.
- Sí señor, a siete.
- ¡Si es así demuéstralo! Ven a mi cueva a pasar la noche si te atreves.
- ¡Iré encantado!
La cueva era muy grande y aunque el gigante ofreció una cama al sastrecillo, él prefirió pasar la noche acurrucado en una esquina.
A media noche, el malvado gigante, que creía que el sastrecillo dormía plácidamente en la cama, cogió una barra de hierro y dió un golpe sobre ella.
